Gourmet con huevo poché
La versión de mantel largo. Cambiá el jamón cocido por panceta crocante y coroná el revuelto con un huevo poché que se rompe en la mesa. La yema líquida hace de salsa y el contraste con la papa paille es puro lujo de bistró.
Cinco caminos · Un mismo plato
El original manda, pero el Gramajo sabe reinventarse. Cinco versiones para cuando querés lucirte, cuidarte o simplemente rendir la semana.
La versión de mantel largo. Cambiá el jamón cocido por panceta crocante y coroná el revuelto con un huevo poché que se rompe en la mesa. La yema líquida hace de salsa y el contraste con la papa paille es puro lujo de bistró.
Sin jamón, pero con toda la sustancia. Reemplazá la carne por hongos salteados (portobello, girgolas o champiñones) bien dorados a fuego fuerte. Aportan ese sabor umami que sostiene el plato. La papa paille y el huevo cremoso siguen intactos.
Menos aceite, mismo crujiente. Hacé las papas paille en la freidora de aire a 200 °C durante 12 a 15 minutos, moviendo el canasto cada tanto para que doren parejo. Terminá el revuelto de huevo aparte, en sartén, y uní todo al final como siempre.
El Gramajo hecho pincho de bar. Tostá una rodaja de pan de campo, frotala con ajo y montá encima una cucharada generosa de revuelto con su papa paille. Ideal como entrada o picada para compartir, con la yema apenas cremosa arriba.
Para cuando hay que estirar la olla. Sumá más papa y una lata de arvejas, y serví el revuelto sobre arroz blanco o dentro de un sándwich en pan francés. Rinde el doble sin perder identidad: es el Gramajo de todos los días.
Antes de improvisar
La papa siempre entra al final y el huevo nunca se seca. Cambiá los ingredientes que quieras: esas dos leyes no se tocan.