La papa, al final
Si mezclás la papa con el huevo antes de tiempo, se ablanda y perdés el crujiente. Entra fuera del fuego, con movimientos envolventes, en el último segundo.
El plato más porteño · Desde 1880
Papas paille, jamón y huevos cremosos. El clásico de bodegón, hecho como corresponde.
El revuelto Gramajo no es un revuelto con papas fritas. Es una arquitectura porteña: la papa paille que cruje, el jamón que perfuma, el huevo que abraza. Tres texturas que se ordenan en el último segundo.
Nació en las cocinas de club de fines del siglo XIX y terminó en la mesa de mármol de todos los bodegones. Acá te dejamos la versión original, sin vueltas y a prueba de fallas.
Cortá las papas en bastones bien finos. Lavá el almidón bajo el agua, secá muy bien y freí en aceite caliente hasta que estén doradas y crocantes. Escurrí sobre papel.
Clave: secar bien la papa antes de freír. El agua es enemiga del crujiente.
Rehogá la cebolla picada chica en un poco de aceite hasta que esté transparente. Sumá el jamón en tiras y cocinalo apenas un minuto, lo justo para que largue perfume.
Clave: el jamón no se fríe. Un minuto y listo, para que quede tierno.
Bajá el fuego. Agregá los huevos apenas batidos y revolvé despacio, sin apuro. Buscás una textura cremosa, que apenas cuaje. Retirá antes de que se seque: sigue cocinándose con el calor.
Regla de oro: el huevo nunca se seca. Fuego bajo y paciencia.
Fuera del fuego, sumá las papas paille y las arvejas con movimientos envolventes. Serví ya mismo, con perejil picado por encima. No lo dejes descansar: se come al instante.
Regla de oro: la papa entra al final para no perder lo crocante.
A prueba de fallas
Si mezclás la papa con el huevo antes de tiempo, se ablanda y perdés el crujiente. Entra fuera del fuego, con movimientos envolventes, en el último segundo.
El revuelto Gramajo se juega en la textura. Fuego bajo, revolver despacio y retirar antes de tiempo: el calor residual termina la cocción por vos.
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